Manifestación del Primero de Mayo en 1977 en Madrid. EFE/AA
Aunque parezca el título de una película de miedo esta historia es del todo real. Un camillero italiano ha sido acusado de asesinar a tres pacientes inyectándoles aire en las venas para recomendar a los familiares de los “fallecidos” que acudieran a una determinada funeraria y así llevarse 300 euros de comisión.

Tal y como informan medios locales, la Fiscalía de la ciudad italiana de Catania está trabajando en una investigación después de que un colaborador de la justicia alertara a las autoridades de que la mafia local tendría un negocio a través del cual pacientes con enfermedades terminales serían asesinados en una ambulancia y sus cadáveres serían “vendidos” por 300 euros a una funeraria.

La operación se ha denominado ‘Ambulancia de la muerte’ y hay registrados más de 50 casos que podrían estar relacionados con ella.

El principal detenido, Davide Garofalo, un camillero de 42 años de edad, habría cometido tres de los asesinatos, uno por año, de 2014 a 2016, inyectando aire en las venas de sus pacientes, que habrían muerto debido a una embolia gaseosa.”Como eran personas que estaban por morir y no tenían salvación, les inyectaban aire en las venas y el paciente moría por una  embolia”, indicó el colaborador de justicia.

“Actuó con total desprecio por la vida humana, sin respeto de su dignidad, por sólo lucro”, escribió el fiscal adjunto de Catania, Francesco Puleio.

El hombre, cercano al clan Mazzaglia-Toscano-Tomasellò, no habría actuado solo. Las autoridades creen que dentro del servicio médico habría contado con varios cómplices para cometer los asesinatos. Por el momento, se está investigando también a otros dos camilleros.

Los crímenes habrían comenzado en 2012 sin que el hospital y otros sanitarios se hubieran dado cuenta de que las muertes de los pacientes eran, en realidad, asesinatos, según informa Quotidiano.

Las “ambulancias de la muerte”, como se llama la investigación, estaban conectadas con las empresas funerarias locales, la mayoría de propiedad de la mafia, cuyos propietarios ofrecen dinero a los camilleros por cada muerto para así proponer de primeras los servicios funerarios a las familias en duelo.

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