Coherencia cardiaca: ¿se pueden controlar las emociones a través de la respiración?

La neurocardiología lleva años definiendo el corazón como un sistema muy complejo, un órgano sensorial sofisticado que recibe y procesa información. Por tanto, según esta visión, el corazón no solo se encarga de bombear sangre, sino que dispone de decenas de miles de neuronas que hacen que actúe como si se tratara de pequeños cerebros.

El cerebro y el corazón están ligados a través del sistema nervioso periférico, formado a la vez por el sistema simpático (se activa cuando estamos en alerta, liberando adrenalina y activando el ritmo cardiaco) y el sistema parasimpático (libera neurotransmisores que generan calma y, por tanto, enlentece la frecuencia cardiaca).

Tal como reconoce la Fundación Española del Corazón, el corazón no siempre late de la misma manera ni al mismo ritmo de forma constante. Los latidos pueden variar entre los 60 y los 80 por minuto en reposo, sin que esto nada tenga nada que ver con las arritmias. Al contrario, es sinónimo de un corazón sano. En función de la actividad que ejercitamos, varía la frecuencia cardiaca. Pero también influyen las emociones: en un estado de miedo o ira o de estrés, la frecuencia cardiaca aumenta.

¿Coherencia cardiaca para desestresar la vida?

La coherencia cardiaca es una técnica que intenta coordinar la respiración con la frecuencia cardiaca con el objetivo de disminuir y estabilizar la respiración y disminuir y estabilizar los latidos del corazón. Y es que la respiración y el ritmo cardiaco están íntimamente relacionados. Desarrollada por el Instituto HeartMarth, de California (EE.UU.), la “respiración por coherencia cardiaca” relaciona, como el nombre indica, la relajación con la respiración y la frecuencia cardiaca.

Por lo tanto, es una herramienta o una técnica destinada a gestionar el estrés y la ansiedad a través de la respiración. El término coherencia implica correlaciones, conectividad, uso eficiente de la energía, etc. En un discurso oral, por ejemplo, la coherencia nos permite encajar bien las palabras y ordenar de forma correcta la frase: solo así nos llega bien el discurso.

De manera similar funcionan nuestros sistemas físico, mental y emocional, en los que este término se utiliza para describir un estado de eficiencia psicológica en el que los sistemas nervioso, cardiovascular, endocrino e inmune funcionan en armonía. Se parte de la premisa de que el corazón tiene su propio circuito neuronal interrelacionado con el cerebro y que controla las emociones y la fisiología del cuerpo.

Los expertos han encontrado que existen unas 40.000 neuronas en el corazón, es decir, que este tiene su propio sistema nervioso. Cuando estamos estresados, nuestro cuerpo pierde esta armonía, no está sincronizado debido a las emociones negativas (las emociones destructivas como la ansiedad, la ira o la frustración pueden bloquear el ritmo).

Esto se traduce en una alteración de la frecuencia cardiaca y en un bloqueo a nivel del cerebro. Por el contrario, las emociones positivas crean un equilibrio entre el sistema nervioso y el ritmo cardiaco. Según la investigación realizada por el Instituto HearthMarth, cuando una persona experimenta sentimientos positivos (y el ritmo cardiaco es más coherente), es posible modificar las funciones corticales.

Uno de los objetivos de la frecuencia cardiaca es aprender a manejar la ansiedad, aumentar la energía vital y controlar el estrés y el dolor. Esta técnica ha demostrado efectividad para la reducción de la presión arterial aguda. Con un patrón de latido rítmico, conseguimos entrar en coherencia cardiaca, es decir, en un estado de relajación y bienestar.

Foto: Nickolai Kashirin

Foto: Nickolai Kashirin

Cómo respirar

La técnica desarrollada por los expertos estadounidenses nos permite controlar las aceleraciones y desaceleraciones del corazón a través de la respiración. Inspirando y espirando de forma voluntaria y lenta aumenta la amplitud de la frecuencia cardiaca. La sincronización entre la respiración y el ritmo del corazón permite llegar a lo que los expertos denominan “coherencia”.

Una manera de reducir el estrés es pensar en la respiración, en un entorno tranquilo, sentados con los pies en el suelo, sin cruzar ni manos ni piernas:

  • Inspirar por la nariz durante cinco segundos.
  • Expirar por la boca durante cinco segundos.
  • realizar seis inspiraciones y expiraciones por minuto durante cinco minutos, al menos tres veces al día.

La respiración y el ritmo cardiaco son dos sistemas primordiales para el buen funcionamiento de las células. Para la Fundación Española del Corazón, respirar mal implica estrés, ansiedad y fatiga física y que nuestro corazón tenga que trabajar mucho más para que las células reciban el oxígeno que necesitan.

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