¿Cómo se llega a una amnistía y qué diferencias guarda con el indulto?

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A las puertas de conocer la sentencia del Tribunal Supremo contra los líderes independentistas que pilotaron el procés, nadie confía en una absolución a pesar de defenderla. Previendo que el veredicto será condenatorio, algunos dirigentes políticos han puesto sobre la mesa la necesidad de una amnistía para avanzar en la solución del conflicto catalán. Esta misma semana lo ha hecho Joan Tardà desde las filas de ERC y Natàlia Sànchez, de la CUP, lo ha valorado como una opción a tener en cuenta. Es momento, pues, de poner un poco de luz a la propuesta. ¿Cómo se llega a una amnistía y qué diferencias guarda con el indulto?

El fondo

Lo que hace el indulto es perdonar -total o parcialmente- la pena impuesta, es decir libera de las responsabilidades penales, pero sigue considerando culpable al condenado. Se trata de una medida personalizada basada en el perdón, pero no en la exención de la culpabilitad. En el caso de la amnistía, se interviene directamente sobre el delito, por lo tanto no se dirige a un único individuo sino a una pluralidad. Al acusado se le deja de considerar culpable, con todo lo que ello conlleva.

Para poner un ejemplo gráfico, un indulto podría servir para los 12 líderes independentistas que ha juzgado el Tribunal Supremo, pero no para las decenas de procesados en otras causas paralelas, como la del juzgado número 13 de Barcelona o la de Trapero en la Audiencia Nacional. La amnistía, en cambio, liquidaría el delito que hubiera motivado la condena, rebelión o sedición, si fuera el caso, por lo tanto, las consecuencias podrían hacerse extensivas al resto.

Del mismo modo, así como los indultos pueden adoptarse para todo tipo de delitos, las amnistías son mucho más excepcionales y suelen ir orientadas a casos relacionados con la política. El objetivo que se persigue acostumbra a ser enterrar una fuente de conflicto. O lo que es lo mismo, promover la reconciliación a través del olvido, para poner en marcha una nueva etapa de convivencia y concordia. Es lo que se intentó durante la transición (hablaremos de ello más adelante).

La forma

Según indica el propio Ministerio de Justicia, el indulto “es una medida de gracia, de carácter excepcional” que “otorga el Rey a propuesta del ministerio, previa deliberación del Consejo de Ministros”. Para tramitarlo es imprescindible que haya sentencia firme y después una solicitud formal, que puede proceder de cualquier persona o institución, desde el preso en cuestión hasta el mismo Gobierno. Hay que acompañar la petición de un informe sobre la conducta de la persona afectada que influye a la decisión final, que también tiene muy en cuenta la actitud de arrepentimiento.

​A diferencia de lo que pasa con el indulto, que se menciona tanto en la Constitución como el Código Penal, el concepto de amnistía no aparece en ningún sitio. Eso significa que habría que aprobar una ley específica de amnistía que anulara los delitos de rebelión o sedición cometidos durante un periodo concreto, cosa que implica que debería haber una mayoría en el Congreso para aprobarla. Por lo tanto, sería necesario contar con la complicidad del PSOE.

Además hay que tener en cuenta que el artículo 62 de la Constitución, que regula las funciones del Rey, dice que no pueden autorizarse “indultos generales”. Algunos expertos entienden que eso podría ser un obstáculo.

Los precedentes

En el año 1977 se aprobó la última ley de amnistía que ha habido en España. Pretendía ser el broche de la transición para poner fin al franquismo e iniciar sin rencores un nuevo ciclo político. Según el texto, quedaban amnistiados “todos los actos de intencionalidad política, fuera cuál fuera el resultado, tipificados como delitos y faltas realizados con anterioridad al 15 de diciembre de 1977”. La ley recibió el apoyo de la inmensa mayoría de grupos del Congreso, con 296 votos a favor, 2 en contra y 18 abstenciones. Con el paso de los años fueron surgiendo las críticas, porque la ley supuso un obstáculo para juzgar los crímenes del franquismo.

Con respecto a los indultos, los han promovido gobiernos de todos los colores y para todo tipo de delitos. Con Felipe González se indultó al exmilitar Armada, uno de los responsables del intento de golpe de estado del 23-F. Con Aznar se salvó a los presos socialistas condenados por el caso GAL, José Barrionuevo y Rafael Vera. Con Zapatero se liberó de la pena al número dos del Banco Santander y con Rajoy se salvaron numerosos traficantes de droga y agentes de policía condenados por torturas.

La tercera vía

Varias fuentes apuntan a otro camino para poder rebajar o incluso anular las penas que el Supremo pueda acabar imponiendo a los líderes independentistas. Se trataría, como algunos partidos ya han apuntado, de una proposición de ley que modificara el tipo penal de rebelión, que lo actualizara y determinara penas y sanciones menores que las actuales. En este caso habría que incluir el efecto retroactivo de la reforma, para poder aplicarla a los dirigentes políticos y civiles del independentismo catalán.

https://www.elnacional.cat/es/politica/como-funciona-amnistia-diferencias-indulto_410467_102.html

elnacional.cat

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