México protesta por el asesinato de una niña de 7 años

El asesinato y tortura de Fátima Aldriguett, una niña de 7 años encontrada sin órganos dentro de una bolsa en una calle de Ciudad de México, no sólo ha conmocionado un país que convive con unos elevados índices de violencia, sino que ha provocado la ira y la protesta de la sociedad civil, que ha salido a las calles para llorar la joven nueva víctima y exigir justicia. Cada día matan a una decena de mujeres y niñas en México, el 10% de los 90 asesinados totales registrados.

Las últimas imágenes en vida de la niña son del 11 de febrero y provienen de una cámara de seguridad en la puerta de su escuela. Fátima sale del centro de la mano de una mujer desconocida y no se tienen noticias hasta que su cuerpo desnudo, torturado y sin los órganos aparece en una calle al sur de la capital federal. Para la policía, la principal sospechosa es la mujer misteriosa, en paradero desconocido y por la cual hay una recompensa de unos 100.000 euros al cambio. 

La madre de la menor, María Magdalena Antón, señala, sin embargo, como responsable del asesinato a un hombre que supuestamente habría agredido otros miembros de la familia, informa la agencia Efe.

 La queja de la familia es que la policía no les hizo caso cuando fueron a denunciar la desaparición de la pequeña y que la escuela dejó marchar la niña con una mujer desconocida sin autorización para recogerla. Son dos detalles que, según las organizaciones feministas, evidencian las carencias del sistema de protección de las mujeres. La sociedad está harta de “leyes muertas, vacías, que transmiten el mensaje a los hombres que pueden hacer lo que quieran con las mujeres”, subraya la presidenta de la asociación Mujeres por México de Chihuahua, Graciela Ramos.

El 99% de los crímenes quedan impunes, y la falta de sensibilidad y formación de la policía y jueces a la hora de atender las denuncias hacen que menos del 10% de las víctimas denuncien las agresiones, relata en conversación telefónica esta veterana feminista mexicana .

Al luto por el asesinato de la niña se suma la indignación que ha provocado la reacción del presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, que ha responsabilidad de la violencia contra las mujeres la “degradación progresiva que tiene que ver con el modelo neoliberal “de sus antecesores en el cargo.

“No señor, a Fátima no le robaron una cartera con dinero para comer. No es culpa del modelo neoliberal. No es culpa de la pobreza, es culpa de la deshumanización y sus comentarios no ayudan “, le respondía una internauta al presidente a través de Twitter.

La cifra más alta en 30 años

El asesinato ha sido un catalizador en este país en el que, según el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, en 2018 fueron asesinadas en México 3.752 mujeres, la peor cifra en tres décadas, y 1.463 niñas. Tres cuartas partes de las mexicanas declaran haber sufrido algún tipo de violencia y la mitad denuncian agresiones y abusos del marido o la ex pareja.

Desde hace dos días la noticia de la localización del cadáver de la Fátima llena espacio y tiempo en la prensa mexicana y ha hecho que el presidente esté muy cuestionado. Primero por el fracaso que suponen los dos años al gobierno en sus promesas de frenar la violencia y la corrupción en el país. Pero también por los reproches al movimiento feminista: “Pido a las feministas que no nos pinten las puertas ni las paredes”, decía como respuesta a las diversas y multitudinarias muestras de protesta en solidaridad con la familia de la niña asesinada. Las palabras sólo han hecho que fortalecer un movimiento, el de las mujeres. “Las más jóvenes han dicho basta en un momento en que la misoginia y el odio contra las mujeres crece”, concluye Graciela Ramos.

Trato irrespetuoso de una víctima

El escabroso asesinato de Fátima se produce en medio de una sociedad ya conmocionada por otra muerte violenta, la de la joven de 25 años Ingrid Escamilla, aparecida descuartizada supuestamente por su pareja. El caso ha provocado la indignación generalizada debido a la filtración de las imágenes del cadáver de la mujer en la prensa por parte de los equipos que llevan la investigación del crimen y que atentan directamente contra su dignidad e intimidad. Para las feministas y organizaciones de derechos humanos, la publicación de las imágenes sólo responde a la morbosidad.