¿Desde cuándo celebramos la Diada?

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Barcelona, sábado 11 de septiembre de 1886. Hace 133 años. Mosén Jaume Collell ―canónigo de la diócesis de Vic― oficiaba una misa fúnebre en la basílica de Santa Maria del Mar “en sufragio de los que murieron en defensa de las libertades catalanas el 11 de septiembre de 1714”. Aquel oficio religioso (aquella inofensiva misa de réquiem) que fue, inicialmente, prohibido por el obispo Jaume Català i Albosa, y duramente censurado por los partidos políticos republicanos, se acabaría celebrando (o medio celebrando, para ser más precisos) en un entorno de rivalidades y tensiones; y se acabaría convirtiendo en el testigo primigenio de la Diada Nacional de Catalunya.

Diada 1914. Foto Carlos Perez de Rozas. Fuente Archivo Municipal de Barcelona

Diada 1914 / Foto: Carlos Pérez de Rozas. Fuente: Archivo Municipal de Barcelona

¿Quién era el promotor de aquel acto?

Jaume Collell i Bancells era algo más que un canónigo de la diócesis de Vic. El año 1886, cuando se celebró aquel acto primigenio en Santa Maria del Mar, ya era un periodista conocido y polémico: había sido el fundador y el director del semanario La Veu del Montserrat, una publicación de ideología católica que se editaba en Vic y que mantenía reyertas periodísticas frecuentes con el Diari Català, el órgano de prensa del republicano y catalanista Centre Català, de Valentí Almirall. Collell y La Veu del Montserrat eran los depositarios de un carlismo sociológico e ideológico que en Catalunya había tenido, siempre, un componente foralista decisivo.

Esquela del héroes de 1714. publicada en La Veu del Montserrat (1880). Fuente Wikimedia Commons

Esquela de los héroes de 1714, publicada en ‘La Veu del Montserrat’ / Fuente: Wikimedia Commons

¿Quién había detrás de mosén Collell?

Collell canalizaba los apoyos a su causa a través de la Veu del Montserrat. Un simple vistazo a la nómina de colaboradores aporta una visión muy precisa de las personalidades que rodeaban (o que impulsaban) a Collell: mosén Jacint Verdaguer, el obispo Torras i Bages (autor de la máxima “Catalunya será cristiana o no será”) o Narcís Verdaguer (uno de los fundadores de la Lliga Regionalista). Con este cartel, queda claro que aquel acto primigenio estaba promovido por el catalanismo conservador, que es lo mismo que decir el carlismo catalán. Esta es la causa que explicaría los ataques que recibió de los partidos republicanos y catalanistas: se acusó a Collell de intentar apropiarse del catalanismo.

Diada 1923. Asociación Ramos de Juventud. Fuente Wikimedia Commons

Diada 1923. Associació Pomells de Joventut / Fuente: Wikimedia Commons

¿Hacia dónde derivaron las celebraciones posteriores?

Sólo dos años más tarde, en 1888, la Diada daba un salto decisivo: salía de la penumbra del templo de Santa Maria del Mar y ponía un pie en las calles de Barcelona. El alcalde Rius i Taulet ―el gran promotor de la Exposición Universal― ordenaba la colocación de siete estatuas en el Saló de Sant Joan (entre el Arc de Triomf y la entrada al ferial) que tenían que representar a las siete personalidades más relevantes de la historia de Catalunya: una de estas estatuas era la de Rafael Casanova. La efigie de Casanova, herido y sosteniendo la bandera de Santa Eulàlia, rápidamente se convertiría en un tótem del catalanismo popular; y en el punto donde, cada 11 de septiembre, se hacían varias ofrendas florales.

La Diada de las detenciones

El año 1901 se produjo otro salto importante en la historia de la celebración de la Diada. El 11 de septiembre, mientras un grupo jóvenes de la Unió Catalanista depositaba una ofrenda floral a la estatua de Rafael Casanova, la policía española contestó con golpes de porras y detenciones indiscriminadas. En el imaginario nacionalista español, el resultado de las guerras de Cuba, Puerto Rico y Filipinas (1898) estaba muy fresco. Y la gran movilización reivindicativa del Cierre de Cajas (1899), todavía más. Estos detalles son muy importantes porque explican que, en el imaginario nacionalista español, el catalanismo era una réplica de las crisis que habían precedido a la pérdida de las colonias.

Diada 1931. Foto J. Dominguez. Fuente Archivo Municipal de Barcelona

Diada 1931 / Foto: J. Domínguez. Fuente: Archivo Municipal de Barcelona

La primera Diada unitaria

La respuesta del catalanismo no se hizo esperar. Pocos días después, se convocaba una concentración de 15.000 personas ―de todo el espectro social y político del catalanismo― en el Saló de Sant Joan. Aquellos manifestantes no se concentraron delante de la estatua de Guifré el Pilós, ni delante de la de Roger de Llúria. Lo hicieron en torno a la de Rafael Casanova, la máxima figura política durante el asedio y asalto borbónico franco-castellano de 1713-1714. El simbolismo era clarísimo: no tan sólo se protestaba por las agresiones y las detenciones perpetradas por el aparato policial español, sino que se reivindicaba un modelo político de libertades, que reconociera a Catalunya su naturaleza nacional.

La Diada del bicentenario

El año 1914 se computaban doscientos años de la tragedia de 1714. Prat de la Riba, de la Lliga Regionalista, había alcanzado la creación de la Mancomunitat, el organismo concebido como el vehículo que tenía que conducir Catalunya a su autogobierno. El independentismo ya había formulado sus tesis. Y Europa estaba inmersa en la Primera Guerra Mundial. En aquel escenario de cambios las rivalidades y las divisiones aparecieron de nuevo y el nacionalismo español se abonó a la negación de Catalunya. El Partido Republicano Radical ―de Lerroux― mientras gobernó el Ayuntamiento de Barcelona se negó a convocar los actos. Y la lucha entre Lliga Regionalista y la Unió Catalanista hizo el resto.

Diada 1932. Fuente Archivo Municipal de Barcelona

Diada 1932 / Fuente: Archivo Municipal de Barcelona

La primera Diada oficial

Durante aquellos años el catalanismo se dividió en dos espacios de celebración: el catalanismo monárquico y conservador continuó fiel a la tradición de acudir a la estatua de Rafael Casanova (que ya había sido trasladada a su ubicación actual), y el catalanismo republicano y progresista encontró en el Fossar de les Moreres su propio espacio de reivindicación. No sería hasta 1931, con la restauración de la Generalitat, que el presidente Macià oficializaría la Diada. La prensa de la época (La Vanguardia, edición del 12/09/1931) relata que la unidad del catalanismo se recuperó en torno a la estatua de Casanova: Generalitat, ayuntamientos, partidos políticos, sindicatos, entidades sociales…

Diada 1936. Foto J. Dominguez. Fuente Archivo Historic del Ayuntamiento de Barcelona

Diada 1936 / Foto: J. Domínguez. Fuente: Archivo Histórico del Ayuntamiento de Barcelona

¿Por qué en la estatua de Rafael Casanova?

Hasta el año 1939, la Diada fue la gran fiesta reivindicativa de los valores de la libertad y el catalanismo. Los valores que encarnaba la figura elevada a la categoría de mito de Rafael Casanova. Pero, sin embargo, la Diada ganó definitivamente la totalidad del espacio público. A la reivindicación de los valores republicanos (libertad, catalanismo), se sumaron las aspiraciones de todos los colectivos del amplio y diverso espectro social catalán: obreros industriales, jornaleros agrarios, libertarios, sufragistas… Con la Generalitat republicana, la Diada Nacional alcanzaba su mayoría de edad y ganaba la adhesión de todos los catalanes. Después vendría el oscuro túnel de la dictadura.

https://www.elnacional.cat/es/cultura/marc-pons-diada-celebramos-historia_419021_102.html

elnacional.cat

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