¡Con Franco no nos prohibían nada, ahora estamos en una dictadura!

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El 11 de octubre de 2019, fecha en que el gobierno español anunció que la basílica del Valle de los Caídos cerraba sus puertas para la exhumación de los restos de Francisco Franco, será recordada por los nostálgicos que lo fueron a despedir como el día que se dieron cuenta que el autoritarismo no siempre es agradable. Especialmente cuando se es el perjudicado.

La última visita al dictador no es apacible para la decena de fieles que quieren fotografiarse ante la tumba, completamente cubierta con flores y una cinta de la bandera de España con el nombre “Familia Franco” grabado. “No me toques la bandera, que es sagrada”, le responde con indignación un visitante al vigilante de seguridad que, cumpliendo con la ley interna, advierte de la prohibición de hacer fotos en el interior del edificio.

Después de años yendo al Valle últimamente tres veces por semana y los domingos a misa, dos mujeres y dos hombres pasan la tarde ante los restos de Franco. Quieren ser los últimos en salir y quién sabe si ahora tendrá sentido volver. Como el comedor de casa, pasan casi dos horas de tertulia sobre la trágica noticia. Que si “Carmen Calvo es una cobarde”, que si mal que no lo entierran en la Almudena …

“Me hubiera molestado”, dice una de ellas, que susurra que en las redes sociales se habla de incinerar y tirar las cenizas por el Valle. “Oh, claro, pero ¿cómo?”, Le replica la otra.

Con el paso de los minutos, los alrededores de la tumba se convierten en un espacio de debate, con varios grupos seducidos por los cuatro veteranos. José María, que no debe llegar a la treintena, se añade a su conversación una vez ha terminado todos los rituales. Primero reza en un banco y luego besa la tumba del dictador. Se le ve afectado y es su amigo, Mario, que se muestra más abierto a hablar. “Es innecesario y una cuestión de respeto a los muertos”, considera.

Cree que todo ello responde a la voluntad de polemizar y, pese a asegurar que no se posiciona ni en un bando ni al otro, se pregunta: “¿Por qué en Santiago Carrillo lo enterraron con honores de estado si presuntamente participó en las Matanzas de Paracuellos? ”

“Todos defendían España!”
Benito, que ha frecuentado el Valle, considera que no hay más culpables en un lado que en el otro y reivindica que el Valle hay enterrados, juntos, franquistas y republicanos. “Todos defendían España, que es lo importante!“, argumenta.

Su mujer, Francisca, barcelonesa, visitó el monumento por primera vez con doce años y asintiendo con la cabeza, eclipsada por la pasión que pone al hombre. “Ya estaba perdonado, lo han convertido en una realidad sucia y fea”, concluye. Entonces Benito indica que  “Con lo que hizo Napoleón, y está enterrado con todos los honores. Decírselo a un francés que lo sacas! “.

En la escena se suma un monje que guía a los niños de la escolanía, a los que pone a raya. “No te distraigas”, le dice a uno que observa un hombre que marcha lloroso.

Mientras tanto, el póker de nostálgicos va a la suya. “Déjame, que ya os hago la foto”, dice la más espabilada a unos jóvenes. Ahora es una mujer de seguridad quien prueba a detenerla. “Con él no nos prohibían nada. Estamos en una dictadura! Dejadnos, si ya nos queda poco “ le responden.

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