Guido Arroyo visitó la Argentina para presentar algunos de sus textos. La figura del poeta, la crítica y la relación entre los vecinos trasandinos son algunos de los temas que analiza este escritor chileno de 22 años, que ya lleva 2 libros de poesía publicados.
Sus padres, pastores evangélicos, le inculcaron el amor por la Palabra de Dios, pero también por la de otros creadores, como Vallejo o Unamuno. La ciudad de Valdivia lo vio nacer en 1986, aunque el trabajo de sus padres lo hizo mudarse varias veces a lo largo del territorio chileno: “Quizá por eso incursiono en todos los géneros y busco nuevos horizontes”, dice Guido Arroyo, editor y escritor, quien, sin embargo, se ha consolidado en la poesía.
En diciembre presentará su nuevo libro de poemas, Naturaleza muerta, el sexto en su carrera. Un colega lo bautizó “poeta hiperventilado” (en relación a su gran actividad en el ambito literario y editorial). El rótulo, en aquel universo donde la crítica tiene un rol muy activo, le causa gracia y apela a un diálogo constructivo para que la poesía ocupe cada vez más un papel destacado en los ámbitos académicos.
En su país, hay dos fantasmas muy presentes: el de Pablo Neruda y el de Violeta Parra. Con respecto al primero, destaca el gran ímpetu que existe hacia esta figura y la admiración hacia el estilo de vida que tuvo el autor que confesó haber vivido. Y también está presente ese estilo “parriano”, vinculado a la ironía. Frente a estos dos modelos se encuentra también aquella imagen de escritor maldito y bohemio, que a Arroyo mucho no le interesa y destaca la obra de Elvira Hernández, Malú Urriola y Diego Maqueira.
Este artista no desdeña la importancia de lo “popular” y admite lo que en algunos círculos estereotipados parecería una herejía: que sabe la letra de algunas cumbias, que es fanático del fútbol, y de Colo Colo en especial. Fue este deporte el que le sirvió de detonante para escribir sus primeros cuentos cuando era adolescente.
“Me inspiran muchas cosas y creo que las experiencias y la vitalidad no pueden estar disociadas de la escritura. Pero no creo que cualquier cavilación deba ser transformada en poesía porque sí. Busco siempre apostar una visión estética y tener bien en claro qué es lo que quiero decir”, dice Arroyo, quien nunca fue tildado del chico “raro” del grupo, a pesar de su fuerte y marcado interés por la creación literaria.
Buenos Aires o La Plata serán quizá otras de las ciudades que agregará a su lista de hogares, pues imagina un futuro aquí, donde ya cultiva muchas amistades, a pesar de los prejuicios mutuos que existen entre los trasandinos: “Hay un fenómeno idiosincrático de que el argentino es muy sobrado, tiene más habla, más ímpetu; y el chileno es más apocado. Pero yo no le hago caso a eso”.
|